sábado, 7 de mayo de 2011

LA LITURGIA DEL DÍA

Domingo III de Pascua
El formulario de la misa de este domingo ha sido enteramente renovado tras la reforma del Vaticano II: dos de las oraciones son de nueva composición a partir de textos de antiguos sacramentarios romanos y de un sermón de san León Magno; la tercera se ha tomado del Misal Romano de Trento. Hay en dicho formulario dos temas que se repiten con insistencia: 1º La alegría y exultación pascuales: “que tu pueblo, Señor, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu, y que la alegría de haber recobrado la adopción filial...”; “recibe, Señor, las ofrendas de tu Iglesia exultante de gozo, y pues en la resurrección de tu Hijo nos diste motivo de tanta alegría concédenos participar también del gozo eterno.” Este tema de la alegría de la Pascua está presente también en el evangelio: “no acababan de creer por la alegría.” 2º La participación nuestra en la resurrección de Cristo: “que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente”; “concédele también la resurrección gloriosa”. La Pascua del Señor no es un acontecimiento enterrado en el pasado, actúa en el hoy de la asamblea litúrgica y se hace presente para experimentarla y traducirla a la propia vida.

Entre las lecturas merece especial interés el evangelio de Lucas –con el relato de Emaús-, que imprime una tonalidad especial a la celebración eucarística: el domingo, día de la reunión de la comunidad cristiana, Cristo resucitado sale al encuentro de la asamblea de hermanos, les abre el entendimiento para comprender las Escrituras y éstos lo reconocen “en el partir del pan.” Pero también se descubre un tema común a las tres perícopas del leccionario de este domingo que bien podría haber sido en la mente de los redactores el sutil hilo de unión de las tres lecturas: la conversión y el perdón de los pecados como fruto maduro de la predicación en el nombre de Jesús resucitado. L. F. Álvarez.

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