sábado, 28 de mayo de 2011

LITURGIA DEL DIA

Domingo VI de Pascua
La Pascua florida va progresivamente madurando hacia la Pascua granada de Pentecostés. La oración colecta nos ofrece oportunamente la clave de este domingo, cuando se ha atravesado ya el paso del ecuador de la cincuentena: «concédenos... continuar celebrando con fervor estos días de alegría»; o sea, que no nos cansemos de celebrar la Pascua, para que madure «en nosotros fruto abundante» (oración después de la comunión). Pero junto a esta invitación a la constancia – “que tu fiesta nunca se acabe” era el título de un libro del Hermano Roger de Taizè- aparecen en este domingo otros temas pascuales nuevos: 1º El Espíritu Santo es el don pascual por excelencia, es decir, él nos inicia en la vida nueva de la Pascua; el texto de la 1ª lectura refiere el episodio de Samaría: «les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo»; pero el mismo discurso continúa en la antífona de comunión: «pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros». 2º La presencia pospascual de Cristo en la Iglesia se hace posible por el amor al Padre, a Él mismo y a los hermanos; la vida nueva y plena de la Pascua es sencillamente el amor, como lo es la esencia misma de Dios, «porque Dios es Amor». En este tema central en la vida cristiana convergen e insisten hoy el versículo del aleluya y el evangelio. Los que hemos sido elegidos por Jesús somos sus amigos (matiz éste que sería bueno destacar en la homilía) y participamos tanto de su vida como de su misión, que eso es participar de su amor. Este amor “Dios lo ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rm 5,5). 3º La alegría del cristiano, que se fundamenta en la experiencia de ser amado incondicionalmente por Dios: «os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud». L. F. Álvarez.

jueves, 19 de mayo de 2011

LA LITURGIA DEL DÍA

Domingo V de Pascua

Un domingo más la comunidad “en la fidelidad al Señor y animada por el Espíritu Santo” se reúne en torno a la mesa de la Palabra y el Pan para celebrar la Pascua semanal: del misterio pascual nace la Iglesia; de domingo en domingo la Pascua florida va granando en nosotros y dando sazón a nuestra vida.
La riquísima liturgia de este día se podría polarizar en torno al versículo del aleluya y a la antífona del canto de comunión: «Permaneced en mí y yo en vosotros, dice el Señor, el que permanece en mí da fruto abundante.» «Yo soy la verdadera vid, vosotros los sarmientos –dice el Señor-; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante. Aleluya.» Para el evangelista Juan el verbo “permanecer en” expresa un significado muy profundo: nada tiene sentido separado de Cristo, la verdadera vid, unidos a la cual los sarmientos darán fruto abundante. La vid es vida y sin ella no hay fruto. Ningún sarmiento puede dar fruto sin estar unido a la vid, símbolo del nuevo Israel, Pueblo de Dios.
El contrapunto lo ponen los otros textos bíblicos (interesantísimo el Salmo 21 como responsorial; oportunísima la 2ª lectura: la vida nueva es amor sincero y encarnado) y las oraciones –las tres son nuevas en el formulario de este domingo-; la colecta, procedente del sacramentario Gelasiano Vetus, recuerda el tema paulino de la libertad verdadera y la herencia eterna (cf Gal 4,31; 5,13; Ef 1,14) como características de la vida de los hijos de Dios; la poscomunión, compuesta a partir de dos textos del sacramentario Veronense se concentra en la novedad de la vida que brota de la Pascua, que exige el abandono de la antigua vida de pecado. Son temas de gran hondura antropológica que el homileta deberá resaltar convenientemente.
El “permanecer en Jesús” transforma nuestra relación con el Dios Trinidad e incide en nuestra vida de oración también “permanente” e ininterrumpida. L. F. Álvarez.

EVANGELIO DEL DOMINGO V DE PASCUA

martes, 17 de mayo de 2011

LA NOVEDAD DE LA LITURGIA CRISTIANA 1


«He aquí que todo lo hago nuevo» (Ap 21,5). Según la Carta a Diogneto los primeros cristianos eran acusados por sus contemporáneos de ser personas sin religión, impías y paganas. No tenían ni dioses ni sacrificios. Pero en realidad tanto su religión como su culto constituían una auténtica novedad.

 
DIOS Y EL HOMBRE SE BUSCAN

El deseo –el hambre o la sed– de Dios ha sido una constante en la historia de los hombres. Ha quedado expresado de una manera hermosísima para siempre en el Salmo 62. Dios y el hombre se buscan el uno al otro; el hombre, a veces, a tientas, confusamente. Sin embargo, a pesar de los equívocos y de las ambigüedades esta búsqueda recíproca constituye uno de los capítulos más hermosos y emocionantes de la historia de la Humanidad. Y es necesario afirmar en honor a la verdad que también Dios desea ser amigo de los hombres; que es siempre Dios quien sale decisivamente al encuentro de la persona salvando para siempre la infinita distancia que los separa.

En efecto, Dios mismo es quien ha creado a la persona como un ser capaz de mirarle a los ojos (cf Ex 24,11), cara a cara, y ser de verdad su patner, su confidente y su verdadero amigo (cf Ex 33,11; Jn 15,14-15); más aún, su hijo querido (cf Ex 4,22-23). Dispuso «también Dios, con su bondad y sabiduría, revelarse a Sí mismo a los hombres (…) para invitarlos y recibirlos en su compañía» (DV 2). Por eso el hombre es un ser naturalmente religioso, un directo interlocutor de Dios, capax Dei (Rufino 345-411). San Agustín lo decía con su conocida expresión: «Nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón no descansa hasta que repose en Ti». Esta condición la expresamos las personas principalmente mediante el comportamiento religioso y, de manera particular, mediante el culto. No contentándose sólo con eso, Dios nos ha desvelado en su Hijo Jesucristo –hecho “uno de tantos” (cf. Flp 2,6-7) «para que habitara entre los hombres y les contara la intimidad de Dios» (DV 4)– un modo totalmente nuevo de vivir y manifestar esta especialísima relación de las personas con el Padre: el culto cristiano o culto existencial (cf Rm 12,1-2). De este modo por Cristo «pueden los hombres llegar hasta el Padre» (DV 2), puesto que en Él se nos ha dado el modelo y la plenitud del culto; el espejo donde mirarnos.

Además de este comportamiento profundamente humano que llamamos culto existe también la Liturgia cristiana. Aunque no lo es todo en la vida de la Iglesia posee una importancia capital. Hay quienes consideran que, en la actualidad, la cuestión litúrgica es ocasión de discusiones en la comunidad cristiana. Pero ¿qué es, en realidad, esto que solemos llamar Liturgia? ¿qué significado posee en nuestra vida de miembros de la Iglesia? Una cosa es cierta, la Liturgia no es una cuestión de mero protocolo o de buenas maneras para con Dios. No es simplemente eso. La Liturgia cristiana se distingue, superándolo, del culto genéricamente religioso. Por eso, responder a estas preguntas es básico para comprender la originalidad de la Liturgia cristiana, en cuanto participación en la vida de Dios y mediación necesaria para entrar en diálogo y en comunión con Él.

CONTINUARÁ

martes, 10 de mayo de 2011

CÓMO PREPARAR LA LECTURA DE LA PALABRA

1. ANTE TODO SE DEBE CUIDAR LA PREPARACIÓN ESPIRITUAL (B):

      En la Liturgia, para hablarnos, Dios se sirve de la voz y la palabra de los lectores. Por eso éstos deben poseer una formación espiritual honda, además de la conveniente preparación ténica. Eso significa que los lectores no hablan nunca por sí mismos, ni las palabras que pronuncian desde el ambón son sus palabras. Es Dios mismo el que habla "mientras se leen en la Iglesia las Escrituras".
      Por eso no debemos proclamar nunca la Palabra de Dios sin haberla orado antes. Se trata de una lectura, creyente y orante, del texto que tengo encomendado. Sólo una lectura orada capacitará al lector para leer  de tal manera, que cada uno pueda decir en su interior: "esta voz que yo escucho es la voz de Dios, que me está hablando en este momento."
      Una excelente ayuda para rezar el texto bíblico me la proporcionan los diferentes comentarios bíblicos. En este mismo blog se ofrecen direcciones de páginas web o blogs espcializados en ello. 

sábado, 7 de mayo de 2011

LA LITURGIA DEL DÍA

Domingo III de Pascua
El formulario de la misa de este domingo ha sido enteramente renovado tras la reforma del Vaticano II: dos de las oraciones son de nueva composición a partir de textos de antiguos sacramentarios romanos y de un sermón de san León Magno; la tercera se ha tomado del Misal Romano de Trento. Hay en dicho formulario dos temas que se repiten con insistencia: 1º La alegría y exultación pascuales: “que tu pueblo, Señor, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu, y que la alegría de haber recobrado la adopción filial...”; “recibe, Señor, las ofrendas de tu Iglesia exultante de gozo, y pues en la resurrección de tu Hijo nos diste motivo de tanta alegría concédenos participar también del gozo eterno.” Este tema de la alegría de la Pascua está presente también en el evangelio: “no acababan de creer por la alegría.” 2º La participación nuestra en la resurrección de Cristo: “que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente”; “concédele también la resurrección gloriosa”. La Pascua del Señor no es un acontecimiento enterrado en el pasado, actúa en el hoy de la asamblea litúrgica y se hace presente para experimentarla y traducirla a la propia vida.

Entre las lecturas merece especial interés el evangelio de Lucas –con el relato de Emaús-, que imprime una tonalidad especial a la celebración eucarística: el domingo, día de la reunión de la comunidad cristiana, Cristo resucitado sale al encuentro de la asamblea de hermanos, les abre el entendimiento para comprender las Escrituras y éstos lo reconocen “en el partir del pan.” Pero también se descubre un tema común a las tres perícopas del leccionario de este domingo que bien podría haber sido en la mente de los redactores el sutil hilo de unión de las tres lecturas: la conversión y el perdón de los pecados como fruto maduro de la predicación en el nombre de Jesús resucitado. L. F. Álvarez.

EVANGELIO DEL DOMINGO III DE PASCUA

domingo, 1 de mayo de 2011

JUAN PABLO II, RUEGA POR NOSOTROS

  

      Benedicto XVI beatificará hoy 1 de mayo de 2011 al papa Juan Pablo II. 
      Nos complace publicar en nuestro blog el video del canto Totus tuus, que fue el lema de toda su vida. Aquí tenéis la letra:

Totus tuus sum, Maria (Soy todo tuyo, Maria)
Mater nostri Redemptoris (Madre de nuestro Redentor)
Virgo Dei, Virgo pia, (Virgen de Dios, Virgen piadosa,)
Mater mundi Salvatoris (Madre del Salvador del mundo).
Amen.

La música es de Mario Frisina y el coro el de la Diócesis de Roma