viernes, 27 de abril de 2012

PARA VIVIR LA EUCARISTÍA

DOMINGO IV DE PASCUA


Para vivir la Eucaristía en este tiempo de Pascua nos vendrá muy bien considerar, antes de la Misa, en este tiempo de espera y de oración, lo siguiente: que el mismo Jesús Resucitado, nuestro Pastor Bueno, nos ha convocado aquí. Nosotros no lo vemos, pero creemos en Él y por eso nos reunimos todos los domingos en torno a su mesa; y por eso estamos atentos a su presencia, a su Palabra… En realidad, vale la pena creer en Jesús, vale la pena amar como Jesús nos ha amado, vale la pena confiar en Dios Padre como Jesús confió. Por eso celebramos hoy la Eucaristía: para unirnos más profundamente al Señor y para llenarnos del mismo Espíritu Santo que le movía a Él y le acompañaba en todos los momentos de su vida.

Dispongámonos a la Misa orando, repasando la semana, en silencio, apagando los móviles, ocupando los primeros bancos…


DOMINGO IV DE PASCUA


Tras la reforma litúrgica del concilio Vaticano II, el cuarto domingo de Pascua ha quedado profundamente marcado por el tema del Pastor bueno, figura mesiánica que Jesús se aplica (cf. Ez 34 e Is 53,12). Ya en el siglo VI se leía el texto de Jn 10,11-16 en el segundo domingo después de Pascua. Pero ha sido en 1970 cuando el antiguo evangelio de este domingo (Jn 16,16-22) ha cedido su lugar en los tres ciclos respectivamente a Jn 10,1-10 (A), Jn 10,11-18 (B) y Jn 10,27-30 (C). 
Desde el evangelio el tema ha pasado a impregnar el oracional de la misa: «que el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor» (oración colecta); «Pastor bueno, vela con solicitud sobre nosotros» (oración poscomunión); ha llegado hasta los cantos: «Ha resucitado el buen Pastor que dio la vida por sus ovejas...» (antífona de comunión); y se ha extendido hasta la liturgia de las horas: véanse las antífonas del benedictus y las del magnificat de las primeras y segundas vísperas y la homilía de san Gregorio Magno de la lectura patrística del oficio de lecturas.
El evangelio describe la actividad pastoral de Jesús; no es un pastor más, sino el modelo de pastor; más aún, el único pastor, puesto que sólo Él ha dado su vida por sus ovejas. Presenta además un método pastoral: el que se entrega enteramente y se da a sí mismo en la acción pastoral es quien se convierte en dador de vida. Otro tema menor, que sin embargo no conviene desatender es el desarrollado por la primera lectura: por su Resurrección Cristo se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar.