3ª ¡ALEGRAOS. NO TENGÁIS MIEDO"
"De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: Alegraos. Ellas se acercaron, se postraron ante Él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: No tengáis miedo..." (Mt 28, 9-10) (ver también Jn 15,11; 16, 22-24; Flp 4,4-7).
La alegría a la que Jesús invita a las mujeres no es solamente porque Él ya pasó por la cruz sino porque en Él “todo se ha cumplido”. O sea, es la alegría de haberle sido enteramente fiel al Padre y así haber llevado a todos los hombres al corazón de Dios. Es la alegría de la misión cumplida.
En los Ejercicios Espirituales San Ignacio nos invita a: “Pedir gracia para alegrarme y gozarme de tanta gloria y gozo de Cristo nuestro Señor”. El gozo del Señor resucitado es un don recibido, es gratuito. Por eso hay que pedirlo.
En el fondo es una alegría tan profunda que llega hasta el centro mismo de nuestro ser transformándonos. Y quitándonos el miedo que nos paraliza.
Los que seguimos al Señor debemos contagiarnos unos a otros esta alegría de la resurrección.
Dice un autor: "Es curioso que a veces haya una resistencia en nosotros a la alegría. A veces tenemos la sensación de que uno es más fiel sufriendo que gozando, lo que es una gran mentira, algo que quizás los curas y catequistas hemos enseñado mal. Así da la impresión que sufriendo uno es más fiel al Señor que gozando, lo cuál es grave como afirmación, porque el gozo, la alegría, es lo más propio del cristiano. En los tiempos de alegría nuestra fidelidad se manifiesta en disfrutar, así como en los tiempos de dolor nuestra fidelidad se manifiesta en la paciencia. Santa Teresa lo resolvía diciendo aquello: “Cuando perdices, perdices, cuando penitencia, penitencia”. Perdices aludiendo a un plato rico, entonces cuando son tiempos lindos disfrútelo, soy fiel disfrutándolo. Cuando vienen los tiempos de dolor, aguante" (Ángel Rossi)
Juan Pablo II no se cansó jamás de invitarnos a los cristianos a no tener nunca miedo...
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