domingo, 10 de abril de 2011

"TE ABRIRÉ LA BOCA" (Ez 3, 27)



















El presbítero que preside la Eucaristía concluye la oración colecta. La Asamblea ha respondido "Amén" y todos se sientan,  excepto un señor de unos 50 años que deja el banco donde se encontraba y se dirige despacio hacia el ambón para proclamar la primera lectura. Todos los conocen: es un artesano del lugar. Su voz  es recia, se le nota el acento, pero lee con calma y se hace entender bien.
Ese hombre no es Ezequiel: es un buen cristiano, un padre de familia. Sin embargo, mientras se encamina a proclamar la lectura le sucede algo que también le sucedió al profeta: "Pero cuando yo te hable, te abriré la boca para que les digas: esto dice el Señor..." (Ez 3, 27). 
Quienquiera que sea el lector o la lectora, cualquiera que sea la lectura bíblica, este hombre o esta mujer se encuentra de improviso en la misma situación: Dios les habla, Dios les abre la boca, Dios les confía la misión de hablar a los hombres en su nombre.

Texto entresacado del libro: DUCHESNEAU Claude - IMPARATO Ciro, Manuale del Lettore. Proclamare la Parola in chiesa (Torino 1997). Traducción propia.

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