sábado, 12 de marzo de 2011

PARA REFLEXIONAR LA PALABRA

      El rito de la imposición de las cenizas ha sido sólo el comienzo de la Cuaresma. Nos quedan todavía cuarenta días de duro caminar por el desierto, conducidos por el Espíritu Santo, hasta llegar bien dispuestos a la celebración de la Pascua. Esa es nuestra verdadera meta. 
      Hoy, primer domingo de cuaresma, meditamos con toda la Iglesia, sobre las dificultades que encierra ser cristiano y seguir a Jesucristo. No lo olvidemos nunca, el camino de Jesús no resulta fácil, ni cómodo. No lo fue para Él, no lo será para nosotros. En el seguimiento de Cristo nos tropezaremos con la tentación, la prueba y el conflicto. Y lamentablemente para superarlos no bastan sólo la generosidad, el entusiasmo y la valentía. En realidad, para vencer las tentaciones es indispensable además un gran esfuerzo de lucidez y discernimiento, de perspicacia, de sabiduría; que todo eso es necesario: para desenmascarar las tentaciones y evitar así caer en la redes del autoengaño; para poder descubrir nuestros mecanismos inconscientes de autojustificación que nos arrojan inermes en los brazos del Tentador; y para asegurar que nuestro corazón quede suficientemente afectado por el amor de Jesucristo, que es lo que verdaderamente nos hace fuertes en el momento de la prueba.
 San Agustín, comentando el evangelio que hemos escuchado, insiste en que la peregrinación del cristiano “no puede estar sin tentaciones, ya que nuestro progreso se realiza precisamente a través de la tentación, y nadie se conoce a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni vencer si no ha combatido, ni combatir si carece de enemigo y de tentaciones”. Convenzámonos: la tentación, cuando es resistida, produce reciedumbre y entereza; la tentación curte. Por eso Jesús no nos enseña a pedir en el Padrenuestro que no tengamos tentaciones,  sino que no caigamos en ellas.
       Como Jesús también nosotros vivimos continuamente sometidos a diversas tentaciones. Para no caer en la tentación necesitamos la lucidez de Cristo. ¡Qué bien respondió Jesús al diablo! ¡Cómo nos ha engatusado y engañado a nosotros el maestro de la mentira! Y sin embargo el mensaje de la Palabra de Dios es otro bien distinto: ¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas en que venció? Si hemos sido tentados en él, también en él vencemos al diablo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario